Cuando decidí viajar con mi bebé de 10 meses, tenía una mezcla de emoción y preocupación. El vuelo duraba 11 horas y, aunque investigué bastante y encontré muchos consejos, todavía tenía mis dudas.
¿Dormirá? ¿Comerá? ¿Se pondrá incómoda? ¿Y si llora durante horas? ¿Estaremos molestando a los demás?
Esta es una de las experiencias que forman parte de nuestra historia en EntrePlanes. Si todavía no nos conoces, puedes leer nuestra historia y conocer cómo nació este proyecto entre dos hermanas y mamás.
Empezamos por el aeropuerto
Llegamos con bastante tiempo, algo que definitivamente recomiendo cuando se viaja con un bebé.
Entre el equipaje, las cosas de la bebé y la comida, pasar por los controles puede tomar un poco más de lo normal.
Antes de abordar, aprovechamos para que gateara un rato en una zona poco concurrida del aeropuerto. Después limpiamos bien sus manitas y seguimos con nuestro viaje.
También descubrimos algo que nos pareció una gran ventaja: viajar con bebés puede hacer que algunos procesos en el aeropuerto, como migración, sean más ágiles para las familias.
La sorpresa con la cuna del avión 😅
Para un vuelo tan largo escogimos un asiento que permitía utilizar una cuna para bebé.
Todo parecía perfecto… hasta que nos explicaron que nuestra bebé ya era demasiado grande para utilizarla.
En nuestro caso, nos indicaron que la cuna tiene límites de tamaño y peso, por lo que no pudimos usarla.
Pero ese espacio adicional terminó siendo una gran ayuda.
Nos permitió levantarnos, cargarla, jugar con ella y tener un poquito más de espacio durante las 11 horas.
Las últimas dos horas fueron otra historia
El vuelo de ida era durante el día y, al principio, nuestra bebé estuvo bastante tranquila.
Pero las últimas dos horas fueron más complicadas.
Empezó a inquietarse y, cuando comenzó a llorar, sí sentimos esa presión de pensar que podíamos estar incomodando a los demás.
Así que tocó sacar todos nuestros trucos. 😂
La cargamos, caminamos con ella por el pasillo, inventamos juegos y buscamos diferentes maneras de entretenerla.
Nosotros no somos de utilizar pantallas con nuestra bebé, pero ese día hicimos una excepción: el mapa del mundo que aparecía en la pantalla del asiento terminó siendo un excelente entretenimiento.
Ver el avión moverse por el mapa la llamó muchísimo la atención y nos ayudó a calmarla.
Ahí aprendimos algo que nos quedó clarísimo:
cuando viajas con un bebé, es mejor tener más de un truco bajo la manga.
También aprendimos a comer por turnos
Esta fue una de esas cosas que nadie te explica hasta que te toca.
Si el bebé no va en la cuna, uno come mientras el otro lo sostiene… y después cambian.
Porque no hay manera de que los dos coman tranquilamente al mismo tiempo. 😅
Y así pasa con muchas cosas durante el vuelo: toca organizarse entre los dos y ayudarse para que todo sea un poco más sencillo.
Cambiar pañales fue más fácil de lo que pensábamos
Otra de mis preocupaciones era cómo sería cambiarle el pañal en el avión.
Para nuestra sorpresa, fue bastante práctico.
El baño era pequeño, pero estaba bien equipado y tenía un cambiador.
Además, llevábamos el kit de cambio siempre a mano, sin tener que buscarlo dentro de la maleta.
Antes de abordar le cambiamos el pañal y, durante el vuelo, tuvimos que hacerlo aproximadamente a las 7 horas.
Y aquí aprendimos una de las mejores lecciones
El vuelo de ida era durante el día.
El regreso fue de noche.
Y después de vivir ambas experiencias, para nosotros fue muy claro:
Si vas a hacer un vuelo largo con un bebé, viajar de noche puede hacer una gran diferencia.
Nuestra bebé pasó buena parte del viaje dormida y sentimos que su horario se alteró mucho menos.
Definitivamente, si podemos elegir en un próximo vuelo largo, preferimos hacerlo de noche.
Algunas cosas que nos funcionaron
Después de esta experiencia, hubo varias cosas que definitivamente volveríamos a hacer:
- Llegar al aeropuerto con bastante tiempo.
- Llevar el kit de cambio de pañal siempre a mano.
- Tener comida y leche suficiente para el viaje.
- Llevar algunos juguetes o cosas que llamen la atención del bebé.
- Darle biberón durante el despegue y el aterrizaje.
- Ponerle ropa cómoda y abrigada para el vuelo.
- Si hay escalas, evitar conexiones demasiado cortas cuando se viaja con bebés.
Y algo que para mí fue muy importante: no pensar que tenemos que hacer que el bebé esté feliz las 11 horas completas.
Habrá momentos de sueño, hambre, aburrimiento, movimiento y hasta llanto.
Y está bien.
¿Lo volvería a hacer?
Sí, definitivamente.
Hubo nervios, cansancio y momentos en los que no sabíamos muy bien qué hacer.
Pero también hubo emoción, descubrimientos y una experiencia que ahora forma parte de nuestros recuerdos.
Las aeromozas fueron muy atentas con nosotros y siempre estuvieron pendientes de que estuviéramos cómodos, algo que también hizo que el viaje fuera más llevadero.
Después de esas 11 horas entendí que viajar con un bebé necesita un poquito más de organización, pero también que no tenemos que esperar a que nuestros hijos sean grandes para empezar a crear recuerdos juntos.
Esta fue mi primera experiencia viajando con mi bebé.
Y aunque seguramente la próxima vez haré algunas cosas diferentes, hay algo que tengo claro:
el mundo sigue siendo un lugar increíble para descubrir, incluso cuando lo haces cargando un bebé. ❤️✈️

